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¿A cuántas personas hemos visto darle un jalón a un caballo, patearlo, incluso pegarle con el fuete en la cabeza, aún cuando la situación de conflicto terminó y el caballo ya no sabe porqué lo están castigando? Esta situación es especialmente común con los potros, que apenas están comenzando a construir una relación de confianza con los humanos.
La mayoría de los especialistas en comportamiento opinan que en casi todos los problemas de comportamiento en los que se pueda pensar, reforzar el comportamiento positivo (premio) es más efectivo que el castigo . De la misma forma, consideran que cualquier castigo que no interrumpa el comportamiento negativo en el momento que ocurre es ineficiente y contraproducente. Si el castigo no se aplica en décimas de segundo, el caballo se confunde y toma una actitud defensiva-agresiva, aprendiendo en la mayoría de los casos a temerle a los humanos o volverse indiferente, provocando una escalada en el castigo con tal de llamar su atención.
Los posibles efectos adversos del castigo incluyen los siguientes:
-Aplicar el castigo a tiempo es muy difícil. -Se puede intensificar el comportamiento negativo (el caballo se defiende) -Si el castigo es muy intenso, puede provocar un daño físico -Algunos animales se pueden volver demasiado temerosos. -El castigo puede ocasionar comportamientos agresivos. -El castigo puede suprimir comportamientos, incluso aquellos que advierten una posible agresión -El animal puede aprender a relacionar al dueño, otros animales, contextos específicos o ambientes con experiencias negativas. -El castigo no ataca la causa del comportamiento o enseña comportamientos alternativos.
Lo que es más, el castigo puede inhibir el proceso de aprendizaje, causar episodios de pánico y ocasionar daño físico a los animales y a las personas con las que interactúan.
Alguna vez leí que al montar un caballo no se pueden perder ni la paciencia ni el sentido del humor. Al desquitar nuestra ira con un animal tan sensible, estamos poniendo los cimientos para una mala experiencia. Tal y como indicaba la campaña que prevenía el maltrato a los niños, procuremos "contar hasta diez" la próxima vez que estemos "perdiendo los estribos".
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