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El Sr. Emilio Campos Ballesteros dió su vida tratando de salvar a los caballos atrapados en el torrente. Es algo difícil de entender, salvo para los que a diario convivimos con nuestros amigos equinos.
¿Por qué la relación con nuestros caballos es tan intensa? Para la que escribe, el secreto radica en la enorme generosidad de estos animales, la comprensión que demuestran ante los defectos del alma humana. Sólo en ellos la belleza encuentra a la humildad de aprender y someterse a la voluntad ajena, aunque esta esté fuera del entendimiento. Su carácter tiene algo de espiritual, una conexión con los sentimientos difícil de describir y una complicidad que va más allá de lo que muchos puedan aceptar.
Un caballo no es una mascota, es una parte importante de la vida. Son amigos, parte de la familia, y su pérdida es más grande que simplemente lo que cuesta. En muchos momentos oscuros, un caballo es el consuelo callado y en los tiempos de gloria, simplemente observa nuestra soberbia como un sabio observaría a un niño, sin recriminación alguna.
Sólo puedo mandar un abrazo a quienes perdieron a sus compañeros.
"Dios no permita que yo vaya a un Cielo donde no haya caballos". R. B: Cunninhame Graham, en una carta a Theodore Roosevelt, 1917
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